«Histórico: Bandera de EE. UU. vuelve a ondear en Caracas tras llegada de Laura Dogu.»

Laura Dogu llegó a Caracas en un contexto político complejo, pero con el viento a favor. Su arribo sirve de engranaje en un proceso de matamorfosis del poder y bajo los esfuerzos de Washington por reafirmar su influencia en Venezuela. ¿Uno de los principales objetivos? Aprovechar su riqueza petrolera y peso geopolítico.
Un día después de reunirse con Delcy Rodríguez, Dogu difundió un mensaje en video a través de redes sociales en el que afirmó: “Estamos listos para trabajar”.
En ese mensaje, la diplomática subrayó, de forma tajante, la necesidad de cumplir el plan de tres fases anunciado por el secretario de Estado, Marco Rubio, que contempla una etapa inicial de estabilización, otra de recuperación institucional y económica, y la final de transición democrática, por lo que su presencia en Caracas tendría como principal meta acompañar y supervisar ese proceso de manera directa.

Para el internacionalista Luis Eduardo Zue, la designación de Dogu como encargada de negocios de Estados Unidos en Venezuela responde a una estrategia cuidadosamente calculada de Donald Trump y no implica, en ningún caso, el reconocimiento formal del gobierno venezolano.
Zue recuerda que la estadounidense es una diplomática de carrera con amplia experiencia en Centroamérica y América Latina, especialmente en países clave para la política exterior norteamericana como Nicaragua, Honduras y México, en momentos marcados por procesos de transición, migración y alta conflictividad institucional, lo que, a su juicio, la convierte en una figura idónea para el momento que atraviesa Venezuela.
Aunque Dogu posee rango de embajadora, no ha sido acreditada como tal, ya que los embajadores se presentan ante gobiernos reconocidos oficialmente. En este caso, Estados Unidos mantiene la figura de encargada de negocios, lo que le permite operar diplomáticamente sin validar al régimen. Es una señal política clara: interlocución sin reconocimiento», advierte.
Zue menciona que el encargado de negocios ejerce prácticamente todas las funciones de un embajador, salvo aquellas que requieren acreditación formal o poderes especiales. Asimismo, destaca que, en el caso de Dogu, cualquier acuerdo o documento solo podría ser firmado si recibe autorización expresa del gobierno estadounidense.
Según el experto, la funcionaria se convertirá en los ojos oficiales de Estados Unidos en Venezuela, donde, agrega, tendrá libertad para movilizarse por el país, reunirse con actores de todos los sectores y levantar información directa sobre la realidad venezolana.
El especialista destaca que su presencia permanente en Caracas marca una diferencia sustancial frente a la diplomacia de visitas esporádicas o enviados especiales.
Su rol principal será observar, documentar, analizar y reportar para que Washington tome decisiones con base en información de primera mano. Estar en el terreno las 24 horas permite mayor fluidez, profundidad y capacidad de reacción ante los acontecimientos», señala.
Antecedentes con Maduro
La posición de Dogu sobre Venezuela y el interinato de Delcy Rodríguez es muy claro. En 2024, cuando se desempeñaba como embajadora de EE.UU. en Honduras, Nicolás Maduro la llamó «irresponsable, farsante y sinvergüenza», luego que la diplomática manifestara la preocupación de su país tras una reciente reunión de autoridades hondureñas con el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, en el marco de un evento deportivo militar.
Dogu había manifestado sentirse sorprendida tras ver que el entonces ministro de Defensa hondureño, José Manuel Zelaya, y el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, Roosevelt Hernández, estaban sentados «al lado de un narcotraficante en Venezuela», en referencia a Padrino López.
Fue un poco decepcionante ver oficiales del Gobierno (hondureño) junto a miembros de un cartel basado en Venezuela», cuando la presidenta del país centroamericano, Xiomara Castro, «está en una lucha constante contra los narcotraficantes», señaló entonces la estadounidense.
Ya sobre el escenario actual, el politólogo Jorge Morán asegura que la función de la diplomática estadounidense consiste precisamente en observar con atención el desarrollo de la política en el país anfitrión y elevar a su Gobierno, de manera constante, mediante informes sobre la situación política, económica y militar.
Morán detalla que, dadas las circunstancias, esta labor se hará, probablemente, con más frecuencia y profundidad. A su juicio, la presencia de la funcionaria norteamericana servirá también como «un vaso comunicante» entre Delcy Rodríguez y el propio Marco Rubio y dejará en claro al gobierno encargado cuáles son las exigencias, preocupaciones y orientaciones del gobierno al que representa.
La sola llegada de Dogu y la reapertura de la Embajada Norteamericana representan ya una gran mejoría de las relaciones entre EE. UU. y Venezuela», agrega.
Fortalecer la institucionalidad
Gustavo Soto, doctor en Ciencias Políticas, afirma que este nuevo contexto, que tiene a Dogu como representación de Trump, permitirá avanzar en transformaciones estructurales indispensables para cumplir con los requerimientos necesarios que fortalezcan la institucionalidad y la democracia en Venezuela.
El especialista destacó que este proceso no solo impacta la relación bilateral con Washington, sino que también mejora la proyección internacional del país, creando condiciones para una relación más equilibrada y constructiva con la comunidad global.
Para Soto, el fortalecimiento del desarrollo económico, acompañado de reformas y ajustes estratégicos, es fundamental para avanzar hacia un modelo que permita reforzar la democracia y normalizar las relaciones de Venezuela con el mundo.
El poder de este reposicionamiento es positivo porque garantiza un desarrollo económico que va más allá del entendimiento político con EE. UU.», indica.
Una demostración de poder
La profesora universitaria y politóloga, María Alexandra Semprún, subraya que no es casual que el gobierno estadounidense haya escogido a una funcionaria con experiencia en países marcados por conflictos y posiciones duras, ni que se trate de una mujer enviada a sentarse frente a otra mujer como Delcy Rodríguez en un momento políticamente extraordinario. Para la politóloga, esa decisión tiene una carga simbólica.
La llegada de Dogu fue, a su juicio, una demostración de poder cuidadosamente construida. Semprún afirma que la imagen de la diplomática descendiendo sola del avión, sin comitiva visible, transmite seguridad, control y autoridad. Esa escena, agrega la profesora universitaria, parece proyectar un mensaje implícito similar al “Veni, vidi, vici”: llegué, vi, y estoy aquí para actuar.
Esa narrativa visual continúa en la fotografía del primer encuentro con Delcy Rodríguez. Entre ambas no solo existe una distancia física, sino también una distancia política y simbólica. Sus posturas son rígidas, no hay conversación espontánea ni gestos de cercanía; no dialogan, se enfrentan. La imagen refuerza la idea de una relación marcada por la tensión y la asimetría de poder», explica.

Semprún interpreta a Dogu como una encargada de negocios que llega a recordar y ejecutar las directrices del mandato recibido, particularmente las líneas establecidas por el secretario de Estado, Marco Rubio, lo que, asegura, representa un trago amargo para la dirigente venezolana.
Otro elemento que la politóloga considera revelador es el lenguaje utilizado por Dogu al referirse a sus reuniones con los hermanos Rodríguez. «En lugar de mencionarlos por sus cargos institucionales, los nombra por sus nombres propios, lo que abre la pregunta sobre si con ello está cuestionando implícitamente su legitimidad como autoridades en ejercicio», indica.
Asimismo, la profesora universitaria observa un cambio notable en la forma de comunicación de la representación estadounidense.
A diferencia del lenguaje tradicional de las embajadas, que suele expresarse en tercera persona, Dogu se comunica en primera persona: “Yo llegué”, “yo me reuní”, “yo hice”. Esto indica que la diplomática busca imprimir un sello personal, asumir un rol protagónico y recentrar la atención mediática en su figura, más que en la institución abstracta de la embajada», destaca.
La experta advierte que Laura Dogu no solo ejecuta una directriz clara, sino que lo hace desde una posición visible, personal y central, convirtiéndose en el eje del mensaje político que Estados Unidos quiere proyectar en esta nueva etapa de su relación con Venezuela.
Versión Final



