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Universitarios tienen el reto de no volver a defraudar a Venezuela

Miguel Ángel Suárez, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, es blanco de elogios en redes sociales, entre ONG’s de defensa de los derechos humanos, periodistas y diversos sectores opositores venezolanos.

Su figura suele estar presente en cada uno de los campamentos que los familiares de presos políticos instalaron en centros como El Helicoide, la Zona 7 de Boleíta y El Rodeo, entre otros centros de arrestos, para exigir sus liberaciones.

Lleva cajas con alimentos colectados, agua e insumos médicos. Su verbo es firme, pero sensato. No abre puertas a la improvisación cuando habla o declara.

Tiene 25 años, y a solo un semestre de graduarse en Estudios Políticos, Suárez representa una ruptura generacional que recuerda a la protagonizada en 2007 por Yon Goicoechea, Ricardo Sánchez, Freddy Guevara, Miguel Pizarro y Lester Toledo. Cada uno de ellos, ejerció un rol protagónico en las duras protestas contra Hugo Chávez, primero para intentar evitar el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV) y luego en la campaña electoral de la reforma constitucional que, constituyó un triunfo para sus aspiraciones políticas.

Tenemos profesores y hemos tenido estudiantes detenidos de manera arbitraria por razones políticas. Consejeros universitarios han estado detenidos. Tras las declaraciones del 3 de enero, hemos sido víctimas de amenazas.

Por redes sociales nos dicen que nos tienen que llevar presos, que nos van a aplicar la “operación tuntún”, pero ya perdimos el miedo. Le tenemos menos miedo a ir presos que a no vivir en democracia”, expresó Suárez en una entrevista para ABC de España.

Hoy, junto con Rosa Cucunuba, vicepresidenta de la FCU de la UCV y Ariel Pérez, secretario de Derechos Estudiantiles de la misma instancia político-universitaria, reciben en medio de una nueva jornada de manifestaciones contra el interinato de Delcy Rodríguez, las liberaciones de Nikoll Arteaga, estudiante de la Universidad de Carabobo y Alby Colmenarez, politóloga y dirigente político, también detenida por pensar diferente.

Entretanto, apenas 19 años después, el país ve con tristeza el rol de quienes en algún momento representaron un oxigeno frente a la decadencia de la vieja política, el personalismo y la corrupción. Ricardo Sánchez es un emblema. De foguearse contra los perdigones de la Guardia Nacional Bolivariana pasó a ser símbolo de un poder que destruyó los derechos estudiantiles de millares de jóvenes hoy regados por el mundo, ante la persecución, el odio y la falta de oportunidades.

Sánchez es ministro de Educación Superior y su discurso mutó. Pero el resto, trajeado de luchadores por la recuperación del país, medra frente al altísimo rechazo que generan.

Ojalá y esta generación que está despertando con la caída de la dictadura se convierta en un nuevo movimiento juvenil que sea honesto y valiente, que nunca se doblegue ante el poder, de cualquier naturaleza, y que defienda con pasión y valentía sus principios y valores. Que no caiga en la corrupción y en la vía mercantil que hicieron de la política un oficio.

Versión Final

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