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Nieto de Raúl Castro negocia con EE.UU cambio de régimen en Cuba

A una década de la muerte de Fidel Castro, una figura poco conocida del círculo más íntimo del poder cubano ha comenzado a captar la atención de Washington: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y coronel del Ministerio del Interior, señalado como un actor central en los discretos contactos entre La Habana y la administración de Donald Trump.

Conocido dentro de Cuba por el apodo de “El Cangrejo”, Rodríguez Castro, de 41 años, ha pasado de ser visto como el escolta personal de su abuelo a convertirse en un interlocutor informal entre el histórico liderazgo de la isla y funcionarios estadounidenses que exploran un eventual proceso de apertura política y económica, recoge El Nuevo Herald.

Fuentes cercanas a las conversaciones aseguran que asesores del secretario de Estado, Marco Rubio, sostuvieron recientemente reuniones con Rodríguez Castro durante encuentros regionales en el Caribe y también en La Habana, en un intento por identificar a una figura con influencia real dentro del sistema cubano.

Aunque Miguel Díaz-Canel continúa siendo la cara visible del gobierno cubano, diversos analistas sostienen que las decisiones estratégicas siguen dependiendo del entorno familiar de Raúl Castro, quien, pese a su retiro formal, mantiene influencia sobre los asuntos más sensibles del país.

En ese contexto, Rodríguez Castro es considerado una pieza clave por su cercanía personal con el exmandatario y por su creciente participación en asuntos económicos vinculados al conglomerado militar GAESA, que controla buena parte de la economía cubana.

Su papel ha despertado interés en Washington, donde algunos funcionarios lo ven como una figura más pragmática que otros miembros del aparato político tradicional, con capacidad para transmitir mensajes directamente al núcleo del poder en la isla.

A diferencia de la austeridad promovida durante décadas por la revolución cubana, Rodríguez Castro ha estado rodeado de polémicas por imágenes filtradas en redes sociales que lo muestran disfrutando de yates, viajes privados y eventos exclusivos, un estilo de vida que contrasta con la profunda crisis económica que atraviesa la población cubana.

Su cercanía con sectores empresariales y militares también lo ha convertido en un personaje influyente dentro del entramado financiero cubano, especialmente en momentos en que el gobierno busca atraer inversiones extranjeras para aliviar el deterioro económico del país.

La administración Trump ha dejado claro que cualquier avance en las relaciones con Cuba dependerá de señales concretas de reforma política y apertura económica.

Dentro de ese escenario, Rodríguez Castro aparece como una figura capaz de facilitar un canal de comunicación directo con la vieja guardia del régimen, aunque persisten dudas sobre si tiene la autoridad suficiente para impulsar cambios de fondo.

Mientras tanto, su creciente visibilidad pública refleja un cambio significativo en la estructura del poder cubano: por primera vez en años, un miembro de la nueva generación de la familia Castro empieza a salir de la sombra.

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