
Alexander Díaz Rodríguez, tras cinco años de prisión en Cuba, relata el infierno que lo llevó a perder 50 kilogramos de peso, así como a padecer secuelas físicas y psicológicas luego del encarcelamiento.
En un artículo publicado por el portal Libertad Digital, Díaz describe su vida antes de ser detenido como “plena”, “yo siempre fui una persona saludable», apuntó.
«En la cárcel no hay comida que tenga vitaminas, no te aporta nada», añade el disidente cubano. «Lo que dan en prisión no es para personas, te tratan como a los perros», aseveró.
Desde su liberación, el pasado 4 de abril, la ONG Prisoners Defenders ha recibido decenas de testimonios que van en el mismo sentido.
Alexander era uno de los más de mil 200 presos políticos que hay en la isla caribeña y que Miguel Díaz-Canel sigue negando, la última vez en la entrevista que concedió hace dos semanas a NBC News.
Fue arrestado el 11 de julio de 2021 junto a cientos de cubanos por participar en las protestas masivas antigubernamentales que se registraron ese día por todo el país y que fueron duramente reprimidas por el gobierno.
Desde entonces ha permanecido en prisión, pese a que fue diagnosticado de cáncer de tiroides –del que no le han tratado– durante el cumplimiento de condena y solicitó una «licencia extrapenal» ante el grave deterioro físico que estaba experimentando.
Se había contagiado de hepatitis B y tenía anemia, diarreas e inflamación de las extremidades inferiores, entre otros síntomas alarmantes. El permiso le fue denegado por «contrarrevolucionario».
«Me pusieron que fui el principal actor de las protestas, de convocar a las masas», asegura. «Como yo antes pertenecía al Movimiento Revolucionario 30 de noviembre, ya sabían que yo era político», explica, «por eso hasta este mes no salí por acá».
«El juicio fue injusto, muy injusto», asevera en declaraciones a este periódico. «Yo lo que hice fue salir pacíficamente a tumbar la dictadura, pero sin violencia».
«A mí aparte me mataron a palos. Me partieron una costilla», relata para Libertad Digital. «Siempre te provocan para que tú le digas algo y darte golpes», asegura. «Ya te imaginas el maltrato verbalmente».
Según indica, él sabía que cuando los internos se quejan en relación con las condiciones inhumanas en las que les tienen en prisión los guardias responden con violencia. Pero llegó un momento en el que no le importaba. «Yo sé que cuando yo me planto me van a meter de palos, pero igual yo me planto».
Antes de entrar en prisión, explica, «no tenía problemas». «Trabajaba, era gastronómico particular (cocinero)», añade. Tras estos cinco años de encarcelamiento, se ha quedado sin nada. Ha perdido su salud, su trabajo y su casa. Ya sólo le queda la esperanza de que la embajada le ayude a salir del país. «Fui a sacarme el pasaporte y me lo denegaron», señala, «tengo que esperar que ellos me avisen».
Aunque en realidad lo que desea es lo que ha deseado siempre, que la isla recupere la libertad que el régimen le robó hace ya 67 años. «Si hay un cambio de régimen yo no me voy», asegura Alexander. «Yo soy cubano, este es mi país», añade, «¿a dónde voy a ir yo?». «Estoy luchando para eso», exclama, «para que llegue el cambio, que se terminen los abusos que hay aquí y que Cuba sea libre».
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