ABC: Trump evalúa una salida tecnocrática para Venezuela si Delcy no se afianza en el poder

En la Casa Blanca, el término que domina las conversaciones sobre Venezuela no es “democracia”, sino “estabilidad”. A tres semanas de la captura de Nicolás Maduro, la Administración de Donald Trump ha comenzado a analizar, con cautela y discreción, posibles escenarios de contingencia ante una eventual fractura del poder chavista, con Delcy Rodríguez como figura provisional de continuidad.
Fuentes cercanas al entorno presidencial señalan que no existe un plan formal ni un documento cerrado, sino intercambios preliminares sobre fórmulas alternativas para evitar un vacío de poder.
Entre ellas figura la idea de un consejo tecnocrático de carácter temporal, con funciones limitadas y un mandato acotado, inspirado en el modelo organizativo promovido por Trump para Gaza: un órgano reducido, técnico y orientado a administrar una transición sin colapso institucional.
El enfoque responde a una lógica pragmática. Para Washington, el objetivo inmediato no es una transición ejemplar, sino impedir que una caída abrupta del gobierno derive en violencia interna, disputas entre facciones, quiebres en la cadena de mando de las fuerzas de seguridad, sabotajes a infraestructuras críticas o una nueva oleada migratoria. “Peor que una continuidad autoritaria es el caos”, resumen fuentes al tanto de estas conversaciones.
En ese marco se explica el trato medido que Trump mantiene con Delcy Rodríguez. Sus declaraciones públicas favorables no implican, según fuentes de la Casa Blanca, una validación política del chavismo, sino el reconocimiento de su utilidad como interlocutora para gestionar el corto plazo.
El propio Trump afirmó al New York Post haber hablado con ella en múltiples ocasiones y que “sabe qué hacer”, una frase interpretada en Washington como la confirmación de un canal de comunicación previo a la captura de Maduro.
Informaciones publicadas por ABC indican que Rodríguez sostuvo desde septiembre reuniones discretas en Doha con agentes de la CIA y altos funcionarios rusos, en un canal paralelo que se mantuvo activo hasta finales de año.
El objetivo habría sido explorar fórmulas para garantizar una salida ordenada del poder en Caracas, aunque persiste la incógnita sobre si actuaba en nombre del régimen o buscaba liderar una transición propia.
Otros medios, como The Guardian, han señalado que Delcy y su hermano Jorge Rodríguez transmitieron, a través de intermediarios, su disposición a cooperar tras la salida de Maduro, sin implicarse directamente en su derrocamiento. Miraflores negó posteriormente esa versión.
Pese a estos contactos, en Washington no existe confianza plena. Por ello, la estrategia contempla dos vías paralelas: una visible, basada en la cooperación mínima con Delcy Rodríguez para asuntos urgentes, migración, presos y operaciones económicas, y otra más reservada, centrada en alternativas institucionales ante una eventual ruptura de ese canal.
Ese segundo carril toma como referencia el llamado “precedente de Gaza”, un esquema que Trump ha promovido como fórmula de estabilización mediante un consejo ejecutivo con responsabilidades claras en áreas clave. Trasladado a Venezuela, el modelo consistiría en un consejo tecnocrático de emergencia que solo se activaría si el régimen pierde cohesión.
Su función sería garantizar la continuidad de servicios básicos, la gestión económica y el control de infraestructuras estratégicas, sin pretender sustituir una transición democrática.En estas discusiones, el nombre de María Corina Machado aparece como figura central, pero excluida del engranaje inmediato.
Según fuentes estadounidenses, su liderazgo político la convierte en una pieza demasiado expuesta para asumir los costos de una fase de estabilización marcada por decisiones impopulares. La Casa Blanca prefiere preservarla para un eventual proceso electoral.
Washington también descarta perfiles con pasado represivo, como Miguel Rodríguez Torres, al considerar que su inclusión podría provocar rechazo social y reactivar protestas en el momento más delicado.
En cambio, se presta atención al poder real dentro del chavismo. Reuters informó de contactos con Diosdado Cabello, clave en el control de las fuerzas de seguridad, en un intento por evitar una guerra interna de facciones.
El cálculo estadounidense se mueve entre dos prioridades estratégicas: evitar que Venezuela se convierta en un foco de desestabilización regional y proteger intereses vinculados al control fronterizo y a la industria petrolera. Para la Administración Trump, el país es simultáneamente un riesgo de seguridad y una oportunidad económica.
De ahí la paradoja central de la estrategia: Delcy Rodríguez es vista como una pieza funcional para sostener el corto plazo, pero demasiado frágil para convertirse en el único pilar. Por eso, la Casa Blanca diseña salidas de emergencia que no espera usar de inmediato, pero que considera imprescindibles ante la posibilidad de que el equilibrio actual se rompa sin previo aviso.
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