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El secreto de la sangre de pitón para suprimir el apetito y perder peso

Una nueva línea de investigación científica apunta a que la próxima generación de fármacos para adelgazar podría surgir de un origen inesperado: la sangre de las pitones. Tras el auge de tratamientos como Ozempic y Wegovy, basados en la hormona GLP-1, especialistas comienzan a hablar de una “tercera revolución” en terapias contra la obesidad, esta vez inspirada en los mecanismos metabólicos extremos de estos reptiles.

El antecedente más cercano se encuentra en el monstruo de Gila (Heloderma suspectum), cuyo veneno permitió desarrollar medicamentos capaces de regular el azúcar en sangre y generar sensación de saciedad.

Ahora, investigadores han centrado su atención en compuestos presentes en la sangre de pitones, animales capaces de ingerir grandes presas y pasar largos períodos sin alimentarse sin comprometer su salud.

El estudio, liderado por la Universidad de Colorado en colaboración con científicos de Stanford y Baylor, identificó más de 200 metabolitos que aumentan tras la alimentación de estas serpientes.

Entre ellos destaca uno en particular, denominado para-tiramina-O-sulfato (pTOS), cuyos niveles se multiplican de forma exponencial después de comer.

Este es un ejemplo perfecto de biología inspirada en la naturaleza”, explicó Leslie Leinwand, investigadora principal del estudio, quien ha dedicado más de dos décadas al análisis de estos animales.

“Observamos organismos que pueden hacer cosas que nosotros no podemos e intentamos aprovechar esas capacidades para desarrollar intervenciones terapéuticas”, afirmó, citada por La Razón.

Las pitones presentan características metabólicas únicas: tras alimentarse, su corazón puede aumentar hasta un 25 % de tamaño y su metabolismo acelerarse miles de veces para procesar la comida, todo ello sin afectar negativamente su masa muscular ni su salud general.

Experimentos posteriores en ratones demostraron que el pTOS actúa directamente sobre el hipotálamo, el centro cerebral que regula el apetito, induciendo pérdida de peso sin provocar efectos secundarios comunes en los tratamientos actuales, como náuseas o deterioro muscular.

Básicamente, hemos descubierto un supresor del apetito que funciona sin algunos de los efectos adversos asociados a los fármacos GLP-1”, destacó Leinwand.

Los científicos señalan que este compuesto es producido por bacterias intestinales de las pitones y que, aunque también está presente en humanos, aparece en concentraciones muy bajas, lo que podría explicar por qué ha pasado desapercibido en estudios tradicionales centrados en modelos como ratones o ratas.

A partir de estos hallazgos, los investigadores han creado la empresa Arkana Therapeutics, con el objetivo de desarrollar versiones sintéticas de estos metabolitos y llevarlos al ámbito clínico.

Más allá de la pérdida de peso, los expertos creen que este enfoque podría abrir nuevas vías para tratar enfermedades relacionadas con el envejecimiento, como la sarcopenia, una condición caracterizada por la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular que afecta a millones de personas en el mundo.

«Creemos que aún hay un amplio margen para innovar en este campo”, subrayó Leinwand, quien adelantó que futuras investigaciones buscarán comprender mejor cómo actúan estos compuestos en humanos y explorar el potencial de otros metabolitos detectados en las pitones.

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