«Francisco Monaldi: Sin cambio institucional, el ‘bonanza’ petrolera de Venezuela es un espejismo.»

El debate sobre una eventual recuperación de la industria petrolera venezolana volvió al centro de la escena, tras las declaraciones del presidente Donald Trump luego de la captura de Nicolás Maduro y la posibilidad de que grandes petroleras estadounidenses participen en la reconstrucción del sector.
Para Francisco Monaldi, director del Programa Latinoamericano de Energía del Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice, de Houston, la idea tiene lógica económica, pero enfrenta obstáculos profundos que van mucho más allá de la infraestructura. Así lo refleja a través de un artículo publicado por Americas Quarterly.
El experto esboza más detalles a través de una entrevista, en la que analiza por qué Venezuela, pese a contar con algunas de las mayores reservas de crudo del mundo, produce hoy menos del 1% del petróleo global, y qué condiciones serían necesarias para un verdadero renacimiento del sector.
Tras el anuncio de Donald Trump y sus comentarios sobre la participación de petroleras estadounidenses, ¿tiene sentido económico pensar en una recuperación petrolera de Venezuela?
– Desde el punto de vista económico, la lógica es bastante clara. Venezuela tiene costos de extracción competitivos, menores que los de Canadá o Estados Unidos, un enorme potencial de crecimiento de la producción y un crudo que encaja muy bien con las refinerías estadounidenses, especialmente por su carácter pesado. Además, Estados Unidos puede suministrar los condensados y productos refinados que Venezuela necesita para procesar su petróleo extrapesado. Es una combinación estratégica que podría beneficiar a ambos países.
-Sin embargo, hoy la producción venezolana es marginal en el contexto global. ¿Qué tan relevante podría ser su aporte?
– En el corto plazo, Venezuela no movería de forma significativa un mercado global que ya está bien abastecido. Pero a mediano y largo plazo la historia es distinta. Si la demanda mundial de petróleo sigue creciendo, el aumento sostenido de la producción venezolana podría ser clave para evitar una crisis petrolera global en la próxima década. El contraste actual es fuerte: el país produce menos del 1% del total mundial, lo que refleja tanto su enorme potencial como la magnitud de los desafíos que enfrenta.
-¿Cuáles son esos obstáculos principales que frenan la recuperación del sector?
– No son obstáculos técnicos ni geológicos. Los yacimientos venezolanos son de clase mundial. El problema es político e institucional. Décadas de inestabilidad, contratos incumplidos y nacionalismo de los recursos han erosionado la confianza de los inversionistas. Reparar la industria petrolera requiere una reforma institucional profunda, no solo inversiones puntuales.
-¿Cómo se llegó a este punto de deterioro después de haber sido una potencia petrolera?
– Venezuela fue uno de los grandes productores mundiales desde la década de 1920 y vivió una etapa de enorme prosperidad tras la Segunda Guerra Mundial, con empresas como Shell y Exxon operando bajo concesiones favorables. El giro comenzó en los años sesenta, cuando el nacionalismo de los recursos llevó a aumentos de impuestos y a la no renovación de concesiones, lo que redujo la inversión extranjera. Luego, con la nacionalización de 1976, Pdvsa asumió el control total. Aunque inicialmente logró estabilizar la industria, las cuotas de la Opep limitaron el crecimiento.
¿Qué cambió en las décadas siguientes?
– A finales de los años ochenta y en los noventa, Pdvsa volvió a abrir el sector a las petroleras internacionales porque no tenía la capacidad financiera ni tecnológica para desarrollar las reservas de crudo extrapesado. Empresas como Chevron, Conoco, Exxon y Total regresaron y se convirtieron en grandes inversores. Pero con la llegada de Hugo Chávez en 1999, el panorama cambió radicalmente.
¿Cuál fue el impacto del chavismo en la industria petrolera?
– Chávez aprovechó un contexto de altos precios del petróleo y una capacidad productiva elevada, pero impuso un control político total sobre Pdvsa. Despidió a buena parte de su personal técnico, renegoció contratos de forma forzada para aumentar impuestos y garantizar mayoría estatal, y luego incumplió muchos de esos acuerdos. Algunas empresas se fueron, otras se quedaron bajo condiciones cada vez más desfavorables. Con Maduro, esa tendencia se profundizó.
-¿Cómo se refleja eso en las cifras de producción?
– La producción cayó de 3,4 millones de barriles diarios al inicio del gobierno de Chávez a menos de un millón en la actualidad. En los campos operados solo por Pdvsa, sin socios extranjeros, el desplome fue de alrededor del 85%. En un escenario sin esas intervenciones políticas, Venezuela probablemente estaría produciendo muy por encima de los 4 millones de barriles diarios.
-¿Qué papel han jugado las sanciones estadounidenses?
– Han agravado la situación, sin duda, pero no son la causa principal. La caída de la producción venía de antes. Cuando se impusieron las sanciones petroleras en 2019, Venezuela ya producía cerca de 1,3 millones de barriles diarios, apenas unos 300.000 barriles más que hoy. El deterioro estructural ya estaba en marcha.
-¿Qué empresas extranjeras siguen teniendo presencia relevante en el país?
– Básicamente tres: Chevron, que concentra alrededor del 25% de la producción, y las petroleras estatales de China y Rusia, con cerca de un 10% cada una. El resto se retiró debido a la mala gestión, la corrupción y la apropiación sistemática de beneficios por parte del Estado.
-¿Qué se necesitaría para iniciar una recuperación real del sector?
– Primero, relaciones estables con Estados Unidos y Europa y el levantamiento permanente de las sanciones petroleras. Pero eso no basta. Es imprescindible estabilidad política, un consenso duradero dentro del país para reabrir el sector a la inversión extranjera y, sobre todo, un marco legal creíble aplicado por instituciones legítimas. En otras palabras, una transición democrática.
-¿Eliminar las sanciones no sería suficiente para atraer inversión masiva?
– No. El alivio de sanciones es necesario, pero sin protección jurídica, continuidad política y legitimidad institucional, la inversión a gran escala no llegará. Lo que podría ocurrir es la llegada de proyectos pequeños, de alta rentabilidad y rápida recuperación, que aportarían poco a una reconstrucción profunda de la industria.
-¿Qué rol podrían jugar empresas como Chevron o Repsol?
– Chevron está en una posición privilegiada porque ya opera en el país, tiene contratos con potencial de desarrollo y puede reinvertir flujo de caja. Repsol y quizá ENI podrían sumar incrementos modestos. Pero los grandes proyectos, que requieren capital fresco y plazos largos, seguirán fuera de alcance sin un cambio institucional real.
-En síntesis, ¿es posible que Venezuela vuelva a ser una potencia energética?
– Es posible, pero solo si se basa en un cambio político duradero, instituciones creíbles y un compromiso sostenido para restaurar la confianza de los inversionistas. Sin eso, la promesa de la vasta riqueza petrolera venezolana seguirá sin cumplirse.
Versión Final



