¿Qué le espera a Nicolás Maduro y Cilia Flores tras su detención por EE.UU.?

En un evento histórico y sin precedentes en la era moderna, fuerzas especiales estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores durante una operación militar relámpago en Caracas el 3 de enero de 2026. Denominada «Operation Absolute Resolve», la acción involucró más de 150 aeronaves que neutralizaron defensas aéreas venezolanas y permitieron un raid en el complejo militar Fuerte Tiuna, donde se encontraba Maduro. El operativo dejó al menos 80 muertos, según fuentes venezolanas, aunque no se reportaron bajas estadounidenses fatales.
Maduro fue trasladado primero al portaaviones USS Iwo Jima y luego a Nueva York, donde ingresó al Metropolitan Detention Center (MDC) en Brooklyn, una prisión federal de máxima seguridad. Allí enfrenta cargos federales graves desellados recientemente: conspiración de narcoterrorismo, importación de cocaína, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, en conexión con el supuesto «Cartel de los Soles». Estos cargos, originados en una acusación de 2020 y actualizados, podrían conllevar cadena perpetua si es condenado.
El destino inmediato de Maduro
Su primera comparecencia judicial está programada para el lunes 5 de enero de 2026 al mediodía en el tribunal federal de Manhattan, ante el juez Alvin K. Hellerstein. En esta audiencia se le leerán los cargos formales, se declarará culpable o no culpable, y se decidirá sobre una posible fianza –que expertos consideran improbable por alto riesgo de fuga. El proceso podría extenderse meses o años, comparado por analistas con el caso de Manuel Noriega en los años 90.
El Departamento de Justicia, liderado por la fiscal general Pam Bondi, ha enfatizado que Maduro enfrentará «la plena justicia estadounidense». Imágenes difundidas por la Casa Blanca muestran a Maduro siendo escoltado por agentes de la DEA en Nueva York, en lo que han llamado un «perp walk» simbólico.
Acciones de Estados Unidos en Venezuela
El presidente Donald Trump declaró que EE.UU. «gestionará» Venezuela temporalmente hasta una «transición segura», incluyendo la reconstrucción de la infraestructura petrolera. Aunque funcionarios como el secretario de Estado Marco Rubio han aclarado que no se trata de una «guerra» ni ocupación permanente, se mantiene una «cuarentena militar» sobre el espacio aéreo y la industria petrolera venezolana.
En Caracas, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió como presidenta interina, respaldada por el Tribunal Supremo de Justicia y el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, quien rechazó la captura como «agresión extranjera».
EE.UU. ha intensificado sanciones y presión sobre aliados de Maduro, pero no ha anunciado un plan detallado para el traspaso de poder. Reacciones internacionales son mixtas: celebraciones en la diáspora venezolana en ciudades como Miami y Nueva York, protestas en países aliados como Cuba, y condenas de líderes latinoamericanos por violar la soberanía.
La situación evoluciona rápidamente, con incertidumbre sobre posibles escaladas regionales o negociaciones. Este capítulo marca el fin de la era Maduro, pero abre preguntas sobre el futuro de Venezuela bajo influencia estadounidense directa.



