Una mujer secuestrada escapa tras sufrir dos años de palizas, agresiones sexuales y torturas

Un hombre de 50 años fue detenido por retener durante dos años a una mujer marroquí de 36 años, en San José de la Vega, Murcia (España).
Allí la víctima fue sometida durante este tiempo a continuas violaciones, agresiones vejaciones.
Su caso, que en un primer momento se investigó como una posible marcha voluntaria, escondía una realidad mucho más brutal: un secuestro prolongado, torturas sistemáticas y violencia extrema.
Cuando se perdió su pista, el 1 de abril de 2024, nadie imaginaba que permanecería cautiva durante cerca de 700 días.
Ese tiempo, según su testimonio, fue un encierro constante marcado por golpes, amenazas, agresiones sexuales y humillaciones. Un infierno cotidiano del que solo logró salir gracias a un descuido de su captor.
Salma llegó al hospital con hematomas por todo el cuerpo. Apenas podía mantenerse en pie. Había perdido la visión de un ojo y varios dientes a causa de las palizas.
Su aspecto, según relató el periodista Nacho Abad, era irreconocible. Los médicos activaron de inmediato el protocolo policial.
Su presunto agresor, Alberto S. M., fue detenido esa misma noche sin saber que la mujer había conseguido escapar.
Los agentes lo arrestaron en la vivienda en la que, supuestamente, la mantuvo retenida durante casi dos años, una casa aislada en la zona de huertos de San José de la Vega.
Se le imputan delitos de detención ilegal, agresión sexual y violencia de género. Las penas podrían alcanzar la prisión permanente revisable.
Durante el registro del inmueble, la Policía encontró armas de fuego con las que, al parecer, la amenazaba apuntándole a la cabeza. También localizó estupefacientes, cuerdas, cintas y material para amordazarla.
Dos vecinos han sido igualmente detenidos por una posible omisión del deber de socorro, al sospechar los investigadores que conocían lo que ocurría y no alertaron a las autoridades.

Atada a una camilla y encerrada en un baño
A finales de marzo de 2024, Salma había decidido mudarse a Barcelona con su familia para empezar de nuevo. Se lo comunicó a su pareja.
Ese anuncio, según su declaración, precipitó los hechos. Alberto la citó con un pretexto, la llevó hasta la vivienda y la retuvo por la fuerza.La casa, rodeada de muros altos y sin visibilidad desde el exterior, dificultaba cualquier intento de huida.
Allí, de acuerdo con su relato, comenzaron las agresiones. El primer día recibió una paliza que la dejó sin fuerzas. A partir de ese momento, asegura, fue tratada como una esclava.
Las vejaciones se repitieron de forma constante. La ataba desnuda a una camilla. La golpeaba, la apuñalaba y abusaba sexualmente de ella. Durante horas la encerraba en un baño sin luz, sin comida y expuesta al frío. El aislamiento era total.
No tenía teléfono ni contacto con el exterior.El presunto agresor llevaba una vida aparentemente normal ante el vecindario. Salía de la vivienda y regresaba sin levantar sospechas. Cerraba siempre con llave y controlaba cada movimiento. La fuga parecía imposible.
Hasta el 10 de febrero
Ese día olvidó una escalera en el patio. Cuando cayó la noche y el hombre se durmió, Salma la arrastró en silencio hasta el muro.
Con las pocas fuerzas que le quedaban, logró trepar y saltar al exterior. Caminó desorientada hasta encontrarse con un vecino que la auxilió y la acompañó al hospital.
Presentaba una herida profunda en la cabeza, cortes compatibles con arma blanca y la grave lesión ocular. Su estado obligó a atención médica urgente.
Desde el centro sanitario se dio aviso inmediato a la Policía, que localizó la vivienda gracias a la información aportada por la víctima. Salma fue trasladada a una casa de acogida, donde permanece protegida.
Alberto S. M. y los dos vecinos arrestados pasarán a disposición del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 1 de Murcia.
La investigación continúa abierta para esclarecer la duración exacta del cautiverio, la posible colaboración de terceros y la existencia de denuncias previas.Según ha desvelado La Opinión de Murcia, Alberto S.M. tiene antecedentes por violencia machista.

En 2015, el hombre agredió a su esposa, con la que tuvo dos hijos. Tras el estallido del caso, los vecinos ha relatado que escucharon llantos y golpes, pero que pensaban que procedían de un matrimonio que estaba peleando. Otro vecino ha desvelado que Alberto se dedicaba a vender droga.
La huida de Salma no solo puso fin a casi dos años de encierro. También destapó una realidad incómoda: la violencia puede mantenerse en silencio durante demasiado tiempo cuando el miedo, el aislamiento y la indiferencia se imponen.
Su testimonio será ahora clave en un proceso judicial que busca responsabilidades y que, más allá de la condena penal, deja una pregunta difícil de responder: cómo pudo ocurrir algo así sin que nadie lo viera.
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