Un desastroso Real Madrid cae ante el Milan y se aleja de la clasificación directa en la Champions

El Real Madrid no levanta cabeza. Después de la abultada goleada del Clásico, los blancos volvieron a caer, esta vez en Champions ante el Milan por 1-3, en un encuentro en el que los italianos fueron claramente superiores. Thiaw adelantó a los rossoneri, pero rápidamente Vinícius puso las tablas en el marcador de penalti. Álvaro Morata rompió la igualdad, y ya en la segunda parte, sentenció Reijnders, relegando al Real Madrid a las profundidades de la zona media de la primera fase.
El pitido inicial desactivó el emotivo ambiente del homenaje a los afectados por la DANA para instalar en el Bernabéu un irrespirable aroma de tensión y respeto. Dos reyes de Europa frente a frente, ninguno tardó en enseñar el colmillo.
Las internadas de los italianos y un intento de Mbappé inauguraron las hostilidades, aunque fueron los visitantes los que estrenaron marcador en el primer córner. Lo colgó Pulisic y lo remató Thiaw sobre un Tchouaméni blando en la marca.
La ansiedad se instaló en los merengues. Buscaron la llegada con ahínco ante un rival bien plantado y el premio llegó antes de lo esperado. Emerson trastabilló a Vinícius en el área y fue el brasileño quien anotó el penalti con un sutil tiro ‘a lo Panenka’.
La batalla volvía a empezar y sería el Milan, con carácter, quien ganaría la partida en el centro del campo. Cada robo en la medular era oro para los italianos, velocísimos en los ataques a la línea adelantada del Madrid.
En esa dinámica, el fallo de Tchouaméni en un pase sería un regalo irrechazable para el Milan. Pulisic dio el pase perfecto a Leao, que aguantó la pelota en el punto de penalti, esperó y chutó seco y raso. El palmeo rechazado por Lunin sería remachado por Morata, él único que corrió con fe a ese balón suelto para adelantar al Milan al descanso.
Los silbidos a Tchouaméni convencieron a ‘Carletto’ de remodelar el centro del campo con la entrada de Camavinga y Brahim por el francés y Valverde. Apenas cinco minutos aguantaron los blancos con una posesión tranquila antes de que Lunin sacara un gran cabezazo de Leao de la misma línea de gol.
El Milan esperaba tranquilo a un errático Madrid en tres cuartos de campo para luego lanzar las contras. Reijnders tenía la llave del partido y los blancos sufrían también en defensa ante cada arrancada visitante.
La afición apenas exhaló en algún tiro desviado de Bellingham y de Mbappé, el Milan, con mucho menos, estrelló un balón rebotado en Morata en el poste de la meta de Lunin.
El Madrid se ahogaba a falta de veinte minutos y la puntilla la dio el hombre del partido. Reijnders prolongó una jugada iniciada en los pies de Maignan para Leao, una locomotora que arrolló a Militao, alcanzó el área, y se la devolvió de nuevo a Reijnders para que fusilara a Lunin a placer.
La desesperación merengue no espoleó esta vez una remontada mágica, se quedó en el gol anulado por fuera de juego a Rüdiger y evidenció la crisis de un equipo sin pólvora en su delantera de ensueño, sin proyecto en la medular sin Kroos y con mucho miedo en defensa. Solo Lunin, remedio ante la ausencia de Courtois, se salvó en una noche negra que acabó con las gradas vacías antes de tiempo y con un apuro en la clasificación.
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