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Real Madrid gana y se afianza en la punta de la Liga Española

El Real Madrid respondió a las victorias de sus perseguidores con autoridad y solvencia, encontrando respuesta brasileña a la ausencia de su gran referencia ofensiva de la temporada. A falta de Vini fue Rodrygo quien puso el talento y la eficacia para derrotar a un Athletic competitivo, aunque condicionado por su partido del siglo. Reguló en la alineación, y aún así pudo perder a Yeray para la final de Copa. El cuerpo estuvo en el Bernabéu, y la mente, en La Cartuja. Cayó de blanco en el Bernabéu, mientras el Madrid se vistió de púrpura para blindar su primer puesto en una noche perfecta, incluso con el regreso de Eder Militao. De película.

En ausencia de Vinicius fue Rodrygo quien ocupó el costado izquierdo del ataque. Es su posición favorito, pero está Vini como para discutirle el sitio. Total, que Goes aprovechó la circunstancia nada más arrancar el duelo para lucir todas sus virtudes. El control orientado, la conducción exquisita, balón cosido a la bota, cabeza alta para descubrir la rendija y remate de interior, buscando el palo más alejado. Golazo de crack para poner el 1-0, tan temprano

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Tan poco habitual es que el Madrid anote pronto como verle en el Bernabéu de morado. La última vez que hizo caso al marketing el asunto acabó en escarnio, el 0-4 del incipiente Barça de Xavi. Por ese capricho, quien vistió de blanco fue el Athletic que, sin embargo, sí fue reconocible en el juego. Con personalidad, pero sin remate. Valverde se cuidó de no exponer a algunas piezas clave como Nico Williams o Vivian. Claro que el plan se cayó antes de la media hora. Firmó un par de salidas con jerarquía Yeray, superando la presión, cabeza alta, pero en una acción ante Rodrygo las fibras le dieron un toque. Lesión tan inoportuna como inesperada.

Tan baja era la intensidad del choque, los unos por el botín del gol y los otros por la perspectiva de la final copera, que todos esperaron a que Vivian se ajustara camiseta, espinilleras y todos las herramientas para saltar al verde. Lo cortés antes que lo valiente. Se escurrió el primer tiempo con dominio alterno y algún detalle reseñable. Los fogonazos de Brahim, origen del gol blanco n un buen cambio de juego. O la aplicación defensiva de Mendy ante un relámpago como iñaki, siempre buscando la espalda y la profundidad. O el sacrificio de Jude Bellingham en izquierda. Ancelotti prioriza la tranquilidad atrás al vértigo, y es cierto que el Madrid sufrió poco. Incluso pudo doblar ventaja en un córner que puso con música Kroos y Tchouaméni cabeceó junto al poste.

Madrid y Athletic subieron un punto de intensidad tras la pausa. En ocho minutos pudo moverse el marcador por duplicado. Primero negó el poste el gol de Brahim, que recibió en derecha tras otra buena incursión de Rodrygo. Y después fue Iñaki quien se encontró con una gran parada de Lunin por colocación. El servicio de Belenguer, desde el rincón de Kroos, otra delicia. Se desconoce si le convencía el panorama o no a Valverde, el caso es que metió tres cambios de una tacada. Naturales, sin pensar demasiado en la final de Sevilla

Se calentó el personal con una caída de Rodrygo ante Lekue que pareció penalti y que se señaló como fuera de juego a posteriori. Muy rara la resolución de Alberola, la verdad. El Athletic se estiró y, claro, quedó expuesto a las transiciones blancas. Carvajal probó suerte pero no conectó con Rodrygo. Salió a la contra el Athletic por ese hueco y Valverde, que había asistido a Carva, llegó con sus botas de siete leguas para abortar el peligro. Incansable el uruguayo, como le reconoció el respetable al ser sustituido. Antes llegó la sentencia, y aunque en el clip de vídeo aparecerá el buen pase de Bellingham y la maravillosa definición de Rodrygo, el origen estuvo en la claridad de Kroos, que juega al fútbol como los ángeles. Se tiró todo el segundo tiempo regalando pases al primer o segundo toque, en corto o en largo. Otro día en la oficina de un futbolista monumental.

Tuvo el Athletic la gallardía de no entregarse y buscar el gol hasta el final. Sobre todo con Berenguer, que lo intentó por su costado sin desmayo. Sirvió otro balón magnífico que Muniain no acertó a resolver. El partido estaba resuelto cuando Militao se colocó en la banda, listo para reaparecer. Lesionado en San Mamés allá por el mes de agosto, el central es tan especial para el grupo que Lunin tiró el balón fuera para que pudiera entrar al césped, entre los aplausos de la grada y todos sus compañeros. Un broche perfecto a una noche sin sobresaltos

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