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«Teherán al límite: El pánico desata el éxodo masivo tras la oleada de bombardeos de EE. UU. e Israel»

Las explosiones a las 5:00 am marcaron el inicio de una jornada de caos en los distritos centrales de Teherán.

Los proyectiles impactaron en áreas de alta densidad como el sector de Pastor, donde se ubican oficinas de la Presidencia, y el bulevar Keshavarz.

Testimonios recogidos en la zona describen vibraciones que afectaron la estructura de edificios residenciales y un persistente olor a compuestos químicos y azufre tras las detonaciones.

El Ejército israelí justificó estas operaciones como parte de un plan para desarticular la capacidad balística del régimen, informando la destrucción de seis lanzaderas de misiles.

Sin embargo, los efectos en superficie muestran una realidad distinta: comisarías como la de Kargar y bloques de viviendas en la Plaza Niufar presentan daños severos o destrucción total, evidenciando que el radio de impacto ha superado los objetivos estrictamente militares.

Balance de Media Luna Roja y el colapso civil

La magnitud de la ofensiva aérea ha dejado un rastro de escombros en las principales ciudades del país.

Según Pir Hossein Kolivand, presidente de la Media Luna Roja, los ataques han golpeado 3.643 estructuras civiles. Este recuento incluye 3.090 casas y 528 establecimientos comerciales que han quedado inhabitables o destruidos. Asimismo, 13 centros médicos y nueve sedes de auxilio han sufrido daños, dificultando la atención a los heridos.

En Shiraz y otras provincias, las autoridades locales reportan víctimas mortales adicionales, elevando la cifra global de fallecidos por encima de las mil personas en apenas una semana de conflicto.

La respuesta iraní mediante una nueva oleada de misiles hacia territorio israelí mantiene activo el ciclo de represalias, aunque sin reportes de daños mayores en el bando contrario hasta el momento.

Éxodo impulsado por el miedo

La vida en Teherán se ha vuelto insostenible para miles de familias. Acnur estima que el flujo de salida de la ciudad oscila entre 1.000 y 2.000 vehículos cada día.

Ciudadanos como Alireza, médico de profesión, relatan el impacto psicológico en los menores y los ataques de pánico recurrentes entre los adultos, factores que empujan a la población a abandonar sus hogares en busca de refugio en zonas rurales o menos expuestas.

La capital, antes un centro vibrante de 12 millones de personas, muestra ahora calles marcadas por el humo y el silencio de los negocios cerrados. La persistencia de los bombardeos sugiere que la estrategia de presión máxima busca el agotamiento de la resistencia civil y la parálisis administrativa del Estado iraní.

La comunidad internacional observa con cautela este desplazamiento masivo de población, que amenaza con generar una crisis de refugiados de proporciones regionales si los corredores de salida se ven afectados por la expansión de los combates terrestres o el cierre de suministros básicos.

EFE

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