Política

«Cápsula del tiempo» y carceleros encapuchados: los duros recuerdos de los ex presos políticos del Rodeo I

Rejas negras, carceleros encapuchados, uniformes oscuros y castigos extremos en la denominada «cápsula del tiempo» son algunos de los recuerdos que arrastran los presos políticos que pasaron por el Rodeo I, el centro de detención más temido de Venezuela.

Tras ser excarcelados este año, varios de estos ciudadanos han decidido dejar el miedo de lado para relatar las condiciones inhumanas y los patrones de tortura sistemática dentro de la prisión.

Estos testimonios directos ofrecen una imagen desgarradora que dista radicalmente de la narrativa de normalización y respeto a los derechos humanos que el gobierno venezolano intenta proyectar ante la comunidad internacional.

El infierno tras las rejas de la máxima seguridad

El Rodeo, situado a unos 50 kilómetros de Caracas, está constituido por cuatro torres numeradas. Una de ellas, el Rodeo I, funciona como una cárcel de máxima seguridad destinada a albergar a presos políticos, incluyendo a opositores locales y ciudadanos extranjeros. Las condiciones de reclusión descritas por los sobrevivientes rozan el límite de la resistencia humana: celdas asfixiantes de apenas dos metros de ancho por tres de largo, equipadas únicamente con una litera de cemento y un espacio compartido para la ducha y la letrina. Una diminuta ventanilla con barrotes representa la única y precaria conexión con el mundo exterior.

El acceso extremadamente limitado al agua potable convierte las celdas en focos de infección y criaderos de insectos. Whillfer Piña, un profesor de matemáticas de 47 años y militante opositor arrestado en 2024 bajo acusaciones de conspiración, relata que llegó a batir un trágico récord al matar 34 moscas en un solo día dentro de su celda. Piña, quien fue excarcelado en febrero de este año, recuerda haber sufrido fiebres altas durante 21 días consecutivos sin recibir ningún tipo de atención médica, llegando a rezar para que, si debía morir, ocurriera con dignidad.

Aislamiento sensorial y tortura psicológica

Los testimonios coinciden en que la estructura del penal está diseñada para quebrar la salud mental de los internos. Freddy Superlano, destacado dirigente político arrestado en agosto de 2024 y cercano a la líder opositora María Corina Machado, describe el Rodeo I como un «mundo de terror» dominado por el color negro y un ambiente tétrico. Superlano, también excarcelado en febrero, asegura que el recinto opera más como un campo de concentración que como una cárcel convencional, donde los reclusos pierden la noción del tiempo y se ven obligados a buscar distracciones mínimas, como observar las estrellas por la estrecha rendija de ventilación.

La «cápsula del tiempo» y el régimen de castigo

El control dentro del penal se ejerce mediante el anonimato y la intimidación. Los carceleros visten de negro, cubren sus rostros con capuchas y utilizan seudónimos como «Tiburón» o «Candela». Los reclusos solo son movilizados con los ojos vendados y esposados, reduciendo el contacto humano a cero. Además de la privación del sueño y las temperaturas extremas, los prisioneros son sometidos a la reproducción ininterrumpida de música chavista y discursos oficialistas. El peor de los castigos se reserva para el piso cuatro: la «cápsula del tiempo», una celda minúscula donde el detenido permanece de pie, encapuchado y esposado, recibiendo raciones mínimas de agua y comida una vez al día, viéndose obligado en ocasiones a realizar sus necesidades fisiológicas sobre sí mismo.

Presión internacional y la realidad de las cifras

Esta dura realidad contrasta con las medidas de amnistía impulsadas recientemente bajo la presión de Washington, las cuales beneficiaron a cientos de prisioneros. Sin embargo, la organización no gubernamental Foro Penal advierte que la crisis de derechos humanos persiste, contabilizando aún a más de 344 personas detenidas por motivos políticos en Venezuela, muchas de las cuales continúan recluidas en el Rodeo I. La organización también denuncia que al menos 20 presos políticos han perdido la vida bajo la custodia del Estado, evidenciando la urgencia de una supervisión internacional independiente sobre los centros de detención del país.

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